Hoy -y merced a la metonimia que ven aquí arriba- descubrí que conservar un registro fotográfico de nuestros periplos no es del todo una nimiedad, no constituye la exacerbación de lo cotidiano ni la exaltación de lo somero; que a decir verdad no es para nada fútil.
Evitar la melancolía ulterior omitiendo lo que ha sido no es recompensa bastante por abolir el pasado: no reincidiremos ya en tan evidente juventud, no volveremos a ser amados por las mismas damas a quienes les negamos aquellas fotos. Nuestros reflejos son ahora menos amigables, sí, pero descubrimos que después de todo no éramos tan feos, ni tan gordos, ni tan desdichados, ni nuestros nombres estaban anotados en los padrones de las personas menos fotogénicas del mundo. Pocas cosas valen más que la juventud, no olvidemos la prerrogativa de disfrutarla.
El género biográfico es necesariamente triste y no tomarse fotos es una idiotez imperdonable, además de un engaño pueril.
A los 24 afirmo con superlativa vergüenza que no conservo foto alguna con mis novias pretéritas, que mi adolescencia se restringe a convenientes imprecisiones del olvido, que los ecos de mi pasado reverberan únicamente en mí, que poco puedo compartir, que la memoria me engaña y que eso me apena mucho.
Evitar la melancolía ulterior omitiendo lo que ha sido no es recompensa bastante por abolir el pasado: no reincidiremos ya en tan evidente juventud, no volveremos a ser amados por las mismas damas a quienes les negamos aquellas fotos. Nuestros reflejos son ahora menos amigables, sí, pero descubrimos que después de todo no éramos tan feos, ni tan gordos, ni tan desdichados, ni nuestros nombres estaban anotados en los padrones de las personas menos fotogénicas del mundo. Pocas cosas valen más que la juventud, no olvidemos la prerrogativa de disfrutarla.
El género biográfico es necesariamente triste y no tomarse fotos es una idiotez imperdonable, además de un engaño pueril.
A los 24 afirmo con superlativa vergüenza que no conservo foto alguna con mis novias pretéritas, que mi adolescencia se restringe a convenientes imprecisiones del olvido, que los ecos de mi pasado reverberan únicamente en mí, que poco puedo compartir, que la memoria me engaña y que eso me apena mucho.
Todos lo admitimos: bien verdad es que la historia no comenzó con Shih Huang Ti.

11 míseros comentarios:
Yo sí conservo algunas fotos de tus novias pasadas. Si querés pixelo las partes que se debe pixelar y te las mando.
.
También es bueno guardar mails, que si bien suscitan recuerdos menos intensamente acaso sean un reflejo más fidedigno de lo vivido.
Igual, ahorraré y me compraré una camarita digital.
Un abrazo (cortito, mientras nadie nos ve),
Fehr.
Che Joel. ¿No podrias escribir mas claro?.
a buena hora se dio cuenta
¿Por qué no firman, carajo?
Lo que veo es un blog que podría estar buenísimo, inteligencia no falta, ahora, ¿Cómo se puede mezclar la inteligencia con tal mal gusto? Ni gracioso ni trágico, el posteo parece la recreación de los momentos de hastío con amigotes, de la guarangada que sustituye al deseo en un terreno que, para semejante inteligencia, es de chapucera holgura.
Amigo, le queremos ver la artillería.
Saludos,
Le doy casi toda la razón a Alotrópico y recomiendo su blog Cero o no Cero (que ya está incluido en mis links):
http://ceronocero.blogspot.com/
Del mal gusto estoy seguro, pero creo no estar del todo cierto de mi inteligencia. No hay artillería que mostrar. Es eso.
No sea humilde obucnì, que le adivino más de cuatro ases bajo la manga.
Le agradezco su reacción en todas sus partes, que bien inmerecida me la tenía.
Nos seguiremos viendo.
Saludos,
Hola Joel.
Lo prometido es deuda.
Juliette
(Con cara de lobos en celo) ¡Hola Juliette!
Actitud verdaderamente lupina y lasciva, cierto. No traten de seducir a Juliette: ese es asunto mío.
El pasado no existe. Las fotos quitan el alma... y esas cosas.
Ahora por qué ese afán humano por atesorar y esa nostalgia que deviene del atesoramiento, nu sé. Por qué sacarle un efluvio metafísico a todo, tampoco.
Todo es puro invento, incluso el pasado. (¿?)
Sic transit.
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